El primer Año Bárbaro

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La noche del 2 de agosto de 2015 fue bastante propicia para Los Bárbaros en Lima.

Por lo general, en las presentaciones en Nueva York siempre hay un nutrido grupo de asistentes conocidos: escritores que nos acompañan en los estudios del Doctorado, profesores interesados en las vidas “literarias” de sus estudiantes, amigos de diferentes organizaciones y otras revistas que están en el mismo proceso de promover sus proyectos.

Resultó gratificante que la sala Clorinda Matto de la FIL se llenara con muchísima gente que no habíamos visto antes: sospechamos que muchos de ellos eran simples lectores o visitantes de ese domingo multitudinario en la FIL, gente ajena a los distintos círculos de “literatos” e “intelectuales” con los cuales solemos encontrarnos en los pasillos de la Feria.

Fue muy grato conversar con mis compañeros de mesa y presentar ante el público los distintos ejemplares que han salido desde aquella noche de julio de 2014 en que nos reunimos en la FIL para presentar el primer libro con la carátula de los dos Borges en el subterráneo de Nueva York. Acá les dejamos la muy breve presentación escrita para la ocasión, reiterando nuestro deseo de que este proyecto siga creciendo y que tengamos mucho más de que hablar con el público en la FIL 2016. Hasta entonces Lima.

PRIMER AÑO BÁRBARO

Hace un año estuve en esta misma feria, con algunos de ustedes, para presentar el primer número de Los Bárbaros. Se puede decir pues que hoy, en que presento el número 5 se cumple el Primer Annus Barbarus.

¿Qué somos Los Bárbaros?

Puedo repetir, a la manera de Bryce, que “yo edito Los Bárbaros para que mis amigos me quieran más”. Los Bárbaros es una máquina de hacer amigos. Gracias a mi trabajo como editor he conocido a artistas como Manuel Gómez Burns, acá a mi lado. Él es, para quienes no lo conocen, uno de los mejores ilustradores e historietistas latinoamericanos y el autor de las primeras cinco portadas de Los Bárbaros.

Así conocí también a Francisco Ángeles y a Jennifer Thorndike, extraordinarios narradores, quienes colaboraron con Los Bárbaros desde la Universidad de Pennsylvania e hicieron un larguísimo viaje en autobús hasta Manhattan, solo para leernos sus magnificas historias en la presentación del número 2, en la libreria McNally Jackson, impresionarnos a todos (con su pelo, en el caso de Francisco, y con su belleza en el caso de Jennifer), y tomar otro autobús de regreso hacia Philadelphia, esa misma noche. Francisco ha publicado, entre muchas otras cosas, una hermosa novela llamada Austin Texas 1979 y Jennifer, una fascinante novela llamada Ella. (Que recomiendo que busquen acá en la FIL y/o en librerías de Lima)

Como editor de Los Bárbaros también conocí a mi gran amigo Alexis Iparraguirre, de quien solo sabía que había publicado un premiado primer libro de cuentos, El inventario de las naves (premiado por la Universidad Católica,  reeditado en Nueva York por Editorial Sudaquia y hoy con una novísima edición en Santiago de Chile donde Alexis lo presentará en unos días).

Alexis ha compartido conmigo las aulas en el programa de Doctorado que estamos cursando en la Universidad de la Ciudad de Nueva York, ese lugar al que mis compañeros llamamos: el Graduate Center de CUNY. El Graduate Center es un laboratorio donde un grupo de latinoamericanos mezclados con españoles de diferentes regiones de la Península, y algunos estadounidenses, estudiamos la literatura escrita en castellano durante un periodo (aproximado, entre los cursos y el desarrollo de la tesis) de cinco años.

Como se imaginarán, muchos de estos nuevos amigos creadores son también intelectuales –como Jennifer, como Francisco y como Alexis, que siempre nos ilustra con sus brillantes intervenciones, en las que sabe cómo mezclar la buena literatura, con su conocimiento privilegiado de las distintas corrientes literarias y también de la cultura popular y de masas. Alexis no solo adora al Borges intelectual sino también a toda la literatura fantástica. Por eso no es extraño que en sus participaciones –en la clase o en seminarios– escuchemos mencionar en una misma frase suya a  Foucault, a Marx y a Game of Thrones.

Estos escritores que llegan a los Estados Unidos, aparecen en la ciudad de Nueva York persiguiendo algún tipo de sueño. Los Bárbaros también es un sueño: el sueño de convocarlos a todos en un formato en el que sea posible leerlos y compartirlos.

Hace muchos años, cuando vivía en Lima y creía que la vida consistía en tener tres trabajos para comprarme un buen auto, un buen departamento y conseguirme una chica bonita e inteligente, cuando trabajaba de 7 de la mañana a 11 de la noche de lunes a domingo, editando en un despacho en Lince, redactando artículos para una revista en una oficina de San Isidro y enseñando dos veces a la semana en la Universidad de Lima, pasé por una calle donde había un muro que había sido pintarrajeado con un graffiti que decía: No dejes morir tus sueños, imbécil.

Gracias a aquella visión dejé de trabajar tanto, coleccioné un grupo de historietas que había ido trabajando durante años y publiqué la revista de historietas RESINA (Historietas para mentes cochinas), que si bien no me dio ningún dinero me hizo muy feliz. Con RESINA conocí a un grupo extraordinario de amigos que hacen historietas en el Perú, como Renso Gonzales, que me sorprendió alguna mañana de Nueva York, llamándome para pedirme una entrevista, diciéndome que él también quería hacer una revista de historietas en Lima. Esa revista se llama Carboncito, es un gran proyecto que junta con periodicidad a extraordinarios creadores. Muchos de ellos: como Renso, su hermano Amadeo, Jesus Cossío,  Manuel Gómez Burns, David Galliquio, Eduardo Yaguas, Brenda Román yJugo Gástrico, han colaborado en diferentes ediciones de Los Bárbaros con ilustraciones y con historietas.

El nombre de Los Bárbaros, ese sueño neoyorquino, nació de una conversación personal con un poema del griego Kavafis, a quien hoy convocaremos -porque siempre es bacán convocar a los griegos cuando tenemos que hablar de literatura: el poema se llama Esperando a los Bárbaros y solo vamos a leerles unos cuantos versos:

-¿Qué esperamos congregados en el foro?

Es a los bárbaros que hoy llegan.

-¿Por qué esta inacción en el Senado?

¿Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores?

Porque hoy llegarán los bárbaros.

¿Qué leyes van a hacer los senadores?

Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.

-¿Por qué nuestro emperador madrugó tanto

y en su trono, a la puerta mayor de la ciudad,

está sentado, solemne y ciñendo su corona?

Porque hoy llegarán los bárbaros.

Así pues, en cinco números, asumiendo como verdadera una corazonada de la cual estoy cada vez más convencido: que los creadores que narran el mundo hispanoamericano en un idioma diferente al inglés, sin dejar de mirar hacia sus paises de origen (porque por más que escriba desde Nueva York siempre seré limeño, y no me corro), forman parte de un movimiento que está refundando la idea que tenemos de la ciudad de Nueva York.

No es una idea original. Ya han habido publicaciones de literatura en español en Nueva York desde fines del siglo XIX: como las del cubano José Martí, que escribía sus fascinantes crónicas para ser publicadas en diferentes diarios del mundo.

Sin embargo, creo que Nueva York aún estaba, todo este tiempo esperando a Los Bárbaros.

Hoy, domingo 2 de agosto de 2015, en Lima,  tras haberse cumplido el primer Año Bárbaro, después de cinco números publicados, con un próximo ejemplar dedicado a la literatura erótica femenina en Nueva York llamado Las Bárbaras (que me ayudará a editar el librero uruguayo Javier Molea); con la  edición de Los Bárbaros 7 dedicado a la literatura fantástica (que me ayudarán a editar Alexis Iparraguirre y el escritor español David Roas),  con el reciente lanzamiento de Radio Los Bárbaros, dirigido por la argentina Teodelina Basavilbaso, donde los escritores leen su obra y ésta es presentada online en formato de podcast (que cualquiera de ustedes puede bajar a su teléfono desde la pagina web de Los Bárbaros); y con la próxima edición de un libro antológico que compilará lo mejor de la poesía y de la narrativa publicada en los primeros cinco tomos (además de algunos textos inéditos) creo que podemos decirles –con enorme gusto–que Los Bárbaros, por fin, hemos llegado.

Muchas gracias.

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